El mercado asiático, con China como exponente, es el más deseado por los inversores. Sus atractivos son los reducidos gastos en mano de obra y el desarrollo de sus sistemas de producción. La economía china recibe importantes cantidades de dinero en inversión extranjera, que alcanzó su cifra récord el pasado 2007: por encima de los 51.000 millones de euros. Se trata del estandarte del crecimiento asiático, con un gran mercado que gestiona sabiamente su Gobierno priorizando sus miras en la tecnología y con el objetivo de paliar la gran carencia del país: el desarrollo de las áreas rurales.
Otro de sus esfuerzos es bajar el superávit comercial con el extranjero y minimizar la producción con bajo valor añadido. Así, los impuestos ya son los mismos para las firmas locales y extranjeras y la exportación está menos incentivada. Asimismo, la nueva ley laboral busca la contratación indefinida y regula las indemnizaciones. Todo, para limitar las inversiones externas, atraídas por la teórica facilidad para encontrar mano de obra barata.
Pero algo está cambiando en la actitud del Gobierno chino y tiene avanzado un tratado de libre comercio con Nueva Zelanda, que sería el primero con un país desarrollado occidental –países con menos peso como Perú se aferran a esta posibilidad, en especial en América Latina, mercado emergente que se nutre de productos orientales, como en el sector automovilístico, donde China es un referente-.
Japón y China son los primeros importadores de petróleo, mientras que los chinos, pese a que el carbón es con diferencia su principal fuente de energía, son los segundos mayores consumidores de petróleo tras EEUU. Y no todo el oro reluce en China o Japón: la inversión en Singapur ha alcanzado también cifras record, alentada por petroleras como Exxon y por la farmacéutica Novartis.
También es cierto que ahora pintan bastos para las bolsas asiáticas, arrastradas por la corriente de temor al plan de recesión de EEUU. Así, la bolsa de Tokio, segunda mayor del mundo tras Nueva York, ve como el índice Nikkei se debilita, lo mismo que el Hang Seng en Hong Kong, el coreano Kospi, el filipino, el indio, el indonesio o el de Singapur. Y las grandes marcas también se ven afectadas, en especial la nipona Toyota.
Sin embargo, los analistas prevén la recuperación en las plazas asiáticas esta semana, lo que hace recobrar la confianza del inversor, que teme más las posibles medidas oficiales en forma de bloqueo de mercados, siguiendo el ejemplo de las divisas.
Es el momento de la reivindicación de la economía asiática, con las horas bajas que sufre EEUU y que arrastra al resto de mercados, en especial al europeo. Así, si el peso que pierdan los norteamericanos se reparte como sería previsible entre Latinoamérica y Asia, estaríamos hablando de un importante cambio en el modelo económico mundial. Un soplo de aire fresco contra la ola de alarmismo creada en torno al debilitamiento de la potente economía estadounidense y europea. Sólo queda que el viento sea favorable.
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