No se trata de colapsar las ciudades con automóviles de ese color. El objetivo es ofrecer vehículos no tan contaminantes como los que conducimos. La oferta es atractiva para el usuario en general, concienciado con el medioambiente y el ahorro en combustible, por la escasez y el encarecimiento del petróleo.
Esta tendencia se ve reflejada en una dura competencia entre General Motors y Toyota. Los japoneses han presentado unas ventas que superan las del emporio americano, habituado al dominio del mercado. La respuesta, los llamados ‘coches verdes’: han conseguido reducir los costes de producción y personal, ante la crisis del mercado estadounidense y el encarecimiento del petróleo, y se centran ahora en tratar de encabezar la cacareada revolución medioambiental.
No será fácil porque el liderazgo lo ostentan los nipones gracias al éxito de sus modelos híbridos (mezclan propulsión eléctrica y de gasolina). GM anunció recientemente la introducción de combustibles no contaminantes como el etanol y que para 2012 sus híbridos se podrían cargar con corriente eléctrica. Pero pasará mucho tiempo hasta que supongan un gran impacto en el mercado y reduzcan consumo y emisiones contaminantes ya que se trata de sistemas muy costosos. De momento, al conocido Opel Corsa le ha añadido la coletilla de ecoFlex.
No sólo los dos grandes lideran esta cruzada; Renault ha lanzado en España su gama Eco 2, con la ecología por bandera en sus lemas, mientras que en Israel, a partir de 2011, suministrará coches eléctricos; además, su aliada Nissan, aunque tras Toyota y Honda y con el impacto de la tendencia bajista en bolsa en un deteriorado sector automovilístico, afronta un esperanzador programa ecológico.
En España, donde los precios de los coches suben ya muy por debajo de la inflación, el 72% de los vehículos oficiales de la Administración serán ecológicos en 2012, partiendo del compromiso europeo por hacer que las energías renovables representen un 20% del total en 2020, a lo que el PSOE redobla aspiraciones y mantiene que representarán el 40%.
Luego está la reacción en Noruega, donde una ley prohíbe hacer publicidad del producto, ya que “un coche no puede beneficiar al medioambiente, sólo hacer menos daño que otro”, afirman. No está demás esta actitud escéptica en una sociedad que suele engullir publicidad engañosa. Pero habría que dar un voto de confianza a los grandes fabricantes, sea por compromiso ecológico o por el bien de nuestros bolsillos.
lunes, 21 de enero de 2008
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