No me dió tiempo a decírtelo ni a escribirlo. Ni que te quiero ni muchas más cosas que no te he dicho en 28 años. Tanto como he escrito en este tiempo y me faltó un poco para escribir cosas como Aguanta, viejo. No pudiste más y en el fondo te ahorraste un martirio y nos evitaste otro a nosotros. Aprovechaste el momento oportuno para hacerle un quiebro a la vida delante de mí y ahorrarle el trance a los demás. Te fuiste pronto pero aún con dignidad, fuerte dentro de tu fragilidad, de tu empequeñecimiento. La muerte te ganó al final o tu nobleza se dejó ganar.
Esa nobleza contagiosa que compartimos los que te rodeamos, la mamá y tus hijos. Gracias por mostrarla siempre, por hacernos ver que era lo natural. Porque este mundo no es para nobles pero ahí has estado tú 71 años. Con muy pocos empezaste a trabajar en lo que siempre has sabido hacer: detrás de una barra o de un mostrador, a los que no llegabas de lo pequeño que eras. De muy niño con tu padre, Dionisio el del bar. Luego en la tienda de la familia, la de Nicanor. Hasta que creciste en todos los sentidos, sin dar mucho tiempo a jugar más con tu hermano y los demás niños del pueblo. Te fuiste a la mili, esa de la que tanto hablas en las Canarias, donde nunca volviste y no sabes cúanto lo siento. Por entonces ya estarías con la mamá, después vino lo de irte a la tienda de tus padres, ponerla en órbita, montártelo por tu cuenta, casarte, perder a tu padre, ganar a tus dos hijos mayores y dar el primer susto. Gracias, papá. Te agradezco que aguantaras entonces porque si no ¿quién estaría escribiendo esto? Yo no.
Gracias por darme la vida que tú ahora cedes. Por sacrificarte para que tus dos mayores y el roro estudiaran, para que no nos faltara de nada. Gracias a eso se hace también posible que yo escriba esto. Ampliaste el negocio y la casa cuando se te quedaban pequeños. Te hiciste cargo de que los otros abuelos, tu propia madre y tus suegros, tuvieran unos últimos años de vida dignos y en familia. Coches, dinero, cariño, educación... Nos lo diste todo, material e inmaterial, sin muchas condiciones. Ser buenos hijos, algo de lo que tú y la mamá siempre habéis estado orgullosos y que no era muy difícil que consiguiéramos. Gracias a vuestro ejemplo.
Gracias a tí pude acabar mi carrera en Italia, justo después de conocer a mi sobrina, otro milagro del que fuiste partícipe. Esa niña de la que siempre has presumido y que has podido disfrutar 7 años, como 5 de tu sobrino, junto con el que celebraste tu último cumpleaños antes de decirnos adiós. O acaso lo dijiste ya entonces.
Desde Italia ya empecé a sufrir por tu salud, luego pude volver tras asegurarme de que volvías a pedir prórroga a tus achaques otra vez. Y luego otra al volver yo. Y otra y alguna más. Qué mal te he llegado a ver, viejo. Con lo gordo que fuiste y lo canijo que pasaste a ser, hombre. Y encorvado y con la sangre petando. Pero sin decir ni mu. Ni una queja hasta el final, con lo mucho que te quejabas al principio. Fuerte y frágil a la vez, así eras tú, papá. Casi siempre con los ojos llorosos por las cataratas que cegaron a la abuela, tu madre. Como los míos últimamente por las lágrimas. En el fondo nos parecemos pese a los años que siempre me has sacado. Ahora sólo espero pillarte, ya me has empezado a dar ventaja. Si no te cojo, al menos quiero irme como tú. Dejando un gran recuerdo. "¿Para qué quiero un bastón si tengo a mi mujer?", decías estos días, como recuerda la mamá. El bastón se queda colgado pero con la satisfacción de haberte apoyado hasta el final del camino. Tú descansa, cuidaremos ahora de quien te ha cuidado a tí. Gracias, Pepe.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

3 comentarios:
Tu eres un tío muy grande así es que me imagino que tu padre sería enorme..
Lo que has escrito es precioso Javi, gracias por compartirlo con nosotros.
Te queremos,
Lina
Precioso...
Cari, aq a los padres no les digamos "te quiero", lo saben... x toda la vida q les damos… Eres, eras, uno de los orgullos de tu padre y en eso hay amor cada día, aq no se lo dijeras con palabras, se lo decías con tu saber vivir.
Tu padre estará a tu lado, igual q el mío lo está cada día, en todos mis gestos, mis pensamientos…. Y eso, es decir “te quiero” para el resto de tu vida…
No dejes de escribir con el corazón y compartirlo con tus amigos.
Kiku
No quise escribir en su día cuando leí las palabras tan dulces y desgarradoras que dedicas a tu padre porque me fui imposible hacerlo entre lágrimas. Ahora, en el silencio de la noche, me enorgullezco de tenerte como amigo. Ya te lo dije, son pocos pero valen mucho, quilates de oro amasados como el buen café, a fuego lento. Eres tímido pero cuando te sueltas no hay quién te gane y te lo dice tu "Némesis". Un fuerte abrazo, de esos que tu ya sabes, y otro para tu viejo por ser quién fue y por luchar porque fueras quién eres ahora: UN GRANDE ;-)
NoR
Publicar un comentario