Sabía que sería extraña tu casa sin tí. Sin tí tu casa huele casi igual de bien que contigo. Pero parece más grande, enorme, sólo conmigo. Solo, me harté de dar vueltas esperando. Esperé pero no a que tú vinieras porque no vendrías. No tenía perrita que me ladrase ni tortuga siquiera. Plantas sí, esas únicas habitantas vivas que esperaban jardinero como agua de mayo. Luego vino la fiesta, con amigos y sin tí, cuando yo fui tú y abrí la puerta. Esa que me abriste un día sabiendo que volvería una y otra vez. Aquel día que me escribiste los números que llevan a ella, previo paso por el portal que también está siempre abierto para mí.
Fue un flechazo. En esa terraza me enamoré. De ella misma. De esas vistas, de las tardes de verano. Pasaba el tiempo y allí seguía sin darme cuenta, en doble fila, aparcado en tu casa. Se me hacía de noche, luego parecía que no amanecía porque eran eternas las madrugadas; pero la mañana también llegaba. Disimular; mirar a los lados; jugar con fuego; vuelta a empezar; darnos libre; echar de más; darnos mucho; mirarnos a los ojos; no disimular. Todo eso y más.
Te eché de menos mientras esperaba; luego menos porque me convertí en tí mientras hicimos el agosto a tu costa pero sin provocar grandes daños ni quejas vecinales. Las horas pasaron rápido, como de costumbre, como cuando estás tú, pero no se hizo de día... Por poco. Por eso tenía que volver. Y volví, para comprobar con calma que todo estaba en orden. Era otra tarde extraña pero más temprano que la anterior. Y esta vez no esperaba a nadie.
Tampoco me convertí en tí, quizá sólo un poco. Volvía a oler bien y eso me tranquilizaba; es un aroma agradable que invita a quedarse. Y eso hice, pasando la tarde sentado en ese sillón, la tele encendida. Pero dando vueltas, aunque sólo fuera con la mirada, buscando recuerdos sin querer queriendo. Tardes de junio, noches de julio. Ahí estaban y allí seguirán porque el recuerdo siempre queda. Porque aunque tú ahora no tienes tus propias llaves y yo sí pero no las usaré, porque aunque todo tiene fecha de caducidad, la memoria no me falla y me recuerda que no te olvides de que estarás en mí. Nos hemos dado ya más de lo que esperábamos y eso ahí queda. Para siempre.
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2 comentarios:
"Sin llaves a las puertas del instante estoy"...
Gracias por estas líneas que escribes sobre mi casa sin mí, que también conciernen a algo de mi persona... Tan sólo puedo decirte que me encantan, como casi todo lo que escribes... Lo siento, pero ya sabes que la columna de deportes, no es lo mío, para qué engañarnos, jeje...
Eres una persona especial. Cuesta mucho conseguir que abras tu corazón, pero cuando se consigue, sabes que ha merecido la pena.
Con fecha de caducidad y sin ella, como bien escribes, los momentos que hemos pasado ya y los momentos que se han ido creando por darnos la oportunidad de conocernos, al menos esos, son para siempre.
Amigos de junio y julio, también de agosto, aunque espero que nuestra amistad se amplíe a todos los meses del año.
No siempre seré tu cari, ni tú el mío, pero mejor será así, porque soy mejor amiga que cari, a mis 30, lo puedo confirmar con total seguiridad. Mejor amiga, que cari...
"Sin llaves a las puertas de mi casa estoy"... pero tranquila, porque sé que las guarda un amigo...
Podría decir tantas cosas al leeros... que solo diré, emulando a Fito Cabrales: "y es que no tengo nada que decir..." (os jiero jitanos, a los dos eh!)
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